Llovía un lunes cualquiera de Octubre. Las calles se llenaban de paraguas. Y, entre tanto, yo perdida en alguna parte de Florencia. Me resguardé en lo que parecía una iglesia común –o, eso pensé- otra más, una de las miles que se encuentran en la ciudad. Ignorante de mí, como si hubiese alguna común en la cuna del Renacimiento. Un letrero no muy grande en la entrada: Chiesa Ognissanti. Frescos por cada una de las paredes, esculturas en todos los rincones. En el cenáculo lo que parecía…Continuar leyendo “Simonetta Vespucci: la eterna musa.”