En los tiempos que corren recordar parece una urgencia.

10N, día de las elecciones. Son las 20:52 y en la calle Ferraz todo parece estar tranquilo. Los periodistas murmuran entre ellos, se ríen y comentan la partida. Las cámaras todavía están apagadas y los bares abiertos. De repente, rompiendo con el silencio, una música, «el novio de la muerte», parece salir de una ventana próxima a la sede socialista. Entre tanto un señor de mediana edad, con voz afónica y pelo canoso grita: “no queremos más feminazis” mientras una señora con un gorro rojo, algo enfadada, responde “sois unos fachas”. 

En los balcones cuelgan una bandera franquista y otra republicana. Las dos Españas. Siempre dos

El valle no se toca” abuchea un hombre desde el escaparate ondeando una bandera de Vox. “Lo que no se tocan son los derechos”, replica Alfonso desde la calle.  Tiene 71 años y asegura que “ya está cansado de toda esta parafernalia. Yo ya viví esto una vez y no quiero que pase más”.

El escrutinio de los votos está casi en la mitad y los datos del Ministerio ya consolidan la extrema-derecha. Los autobuses siguen pasando, el frío no. 

Una señora, con una sonrisa, se acerca a un grupo de jóvenes “chicas, yo ya tengo 74 años y 4 hijos. He sido una verdadera rebelde. Ahora os toca a vosotras. Leed, bailad y escribid. Sobre todo, meteos en política porque sí no otros lo harán”.

Las estadísticas ya están completas. Vox crece hasta 52 diputados en el Congreso, aunque el bipartidismo sigue pareciendo intocable. Las dos Españas. Siempre dos. La roja y la azul. Los de siempre. De repente, entre la muchedumbre, rompiendo con el “establishment”, tres pancartas gritan “gobierno progresista, con Podemos sí”.

Son tres jóvenes con folios blancos que apenas ocupan la DIN-A4. Letra grande y pintura negra. Un pequeño corazón ocupa el lateral de cada pancarta. 

Pancartas gritan «Con Iglesias sí» (Sandra Lázaro)

El comando de campaña, al verlos, se aproxima. Primero una mujer: “cojan esta bandera y dejen esa pancarta”- “No se preocupe, puedo ondear ambas”. La señora de forma violenta empieza a gritar y rompe aquel cartel en dos. Los chicos siguen levantando su folio “estamos en la calle. Hemos votado al Partido Socialista y queremos que nos escuchen. Buscamos un Gobierno de coalición. Estamos hartos de votar, estamos hartos de dividir a la izquierda. Señor Sánchez, ¡gobierno progresista ya!”. 

No tardaron mucho en llegar otros comandantes de la campaña para echarles. 

Comandantes de la campaña del Psoe expulsan a tres personas con pancartas (Sandra Lázaro)

Sánchez ocupaba el escenario, las banderas socialistas ondeaban, mientras unos gritan “con Casado no”, otros con fuerza aseguraban “con Iglesias sí”. Otra vez dos. Esta vez, dos izquierdas… divididas. 

Los dueños del poder se refugian en el pasado, creyéndolo quieto, creyéndolo muerto, para negar un presente que cambia.  Un presente que ya votó una vez y aun hartos de aquellos que no son capaces de ponerse de acuerdo, volvió a votar

La gente pide “un gobierno progresista”, intentando borrar fronteras, límites y banderas. Luchando juntos contra el machismo y la homofobia. Matando al hambre y derribando los muros del racismo. Abrazándonos, entendiéndonos y bailando juntas. Juntos.

Los gritos “con podemos sí” no se callan, aunque el propio partido intente callarlos. ¿Acaso el PSOE no escucha a sus votantes? ¿Los silencia? ¿Cuál es el futuro? ¿Otras elecciones? ¿Para qué? Para seguir perdiendo el tiempo que alimenta a una ultra-derecha que viene cabalgando al ritmo de “a por ellos”. 

«Ahora…  ¿qué pacha?» protesta una pancarta al más tono irónico de Ignatius. Parece que Pedro lo tiene claro pero Mónica, trabajadora social en paro, también “os hemos votado y queremos que pactéis, que dialoguéis y que no nos roben más derechos”.

Son las 23:00. En un bolso se lee la palabra “amor” aunque también sean noches de guerra. 

El odio revienta el marcador. Pero todavía estamos a tiempo, Sánchez. 

Amor en un bolso (Sandra Lázaro)
Mi madre grita a los cuatro vientos que soy “periodista”.
Mis profesores aseguran que me falta el TFG. Todavía no lo tengo muy claro pero, mientras me iba de fiesta con Capote, Meneses me gritaba “el periodismo está en la calle”. Así fue y, así nunca nos lo contaron.

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