Fue en el último momento cuando decidió no coger el avión. Cuatro años más tarde recorría la ciudad soñando con lo que pudo ser y, en cambio, no fue. -Me eché novio y decidí quedarme en Madrid. Nos contaba a tres Erasmus sorprendidos, mientras su madre reprochaba su decisión. -Perdí un viaje tonto y gané al hombre de mi vida. No me arrepiento. Casada y feliz se alejaba por la puerta de aquella famosa heladería. –Creo que no cambiaría esto por nada. Comentaba Pau, muy…Continuar leyendo “Esto no es una despedida”

Las calles se iban oscureciendo, Bolonia, empezaba a iluminarse. El rojo de los tejados cada vez era más oscuro y la música de los bares más alta. Entre tanto y entre plazas, un hombre. – “Setenta y un años”- me comentaba. Ahí estaba, vendiendo fotografías en blanco y negro, en mitad de un mercado de antigüedades en pleno invierno. “¿Son suyas?, ¿por qué las vende?” me precipité a interrogarle en mi chapucero italiano. “No, son de mis padres, ya muertos.” Una cantidad infinita de preguntas…Continuar leyendo “Bolonia: El vendedor de instantes”

Después de cuatro meses viviendo en Italia puedo decir que su sistema de organización y gestión es un desastre. Burocracia resumida en miles de papeles que acabarán perdiéndose, como aquel bus que nunca llegó (o, por lo menos no a su hora.) Donde es normal esperar cinco horas para una urgencia médica o un examen. (Por no hablar de los cien documentos que se necesitan para poder entrar en una biblioteca.) Sí, necesitas DNI, pasaporte, Codice Fiscale y una autorización de la inteligencia de investigaciones…Continuar leyendo “Un desastre llamado Italia”

Llovía un lunes cualquiera de Octubre. Las calles se llenaban de paraguas. Y, entre tanto, yo perdida en alguna parte de Florencia. Me resguardé en lo que parecía una iglesia común –o, eso pensé- otra más, una de las miles que se encuentran en la ciudad. Ignorante de mí, como si hubiese alguna común en la cuna del Renacimiento. Un letrero no muy grande en la entrada: Chiesa Ognissanti. Frescos por cada una de las paredes, esculturas en todos los rincones. En el cenáculo lo que parecía…Continuar leyendo “Simonetta Vespucci: la eterna musa.”

  Pensé que todos los caminos llevaban a Roma. Y, siempre me llevaron a ti. (No me salían las cuentas. ) Apagaron las luces del Coliseo. Cerraron las puertas del Vaticano. El Panteón se derrumbaba a tus pies. Y, en Piazza Navona los ríos se des(bordaban.) Mientras tanto, en Trastevere dos señores leían tu poesía. Pasaste por Roma haciendo monumento entre tanta ruina. Quizá, escribimos al revés la palabra. (Amor) Ahora todo cuadra.      

Al cumplir cinco años me preguntaron “¿Qué quieres ser de mayor?.” A los siete me citaron a Einstein: “la vida es como montar en bicicleta, si quieres mantener el equilibrio no puedes parar.” A los dieciocho ya sabía que tenía que buscar un buen trabajo para poder comprarme el coche de mis sueños y, así, encontrar a la persona perfecta para tener dos hijos, también perfectos, y la casa ideal. Fue entonces cuando comencé a estructurar el futuro. Midiendo mi vida en metas. Como quien…Continuar leyendo “¿Jugamos?”

¿Son los versos los que enamoran al lector? O, ¿el amor hacia la poesía se esconde tras el nombre del autor/a? Las calles de Florencia se encuentran decoradas con poemas anónimos. Consecuencia de un movimiento artístico (Movimento per l’Emancipazione della Poesia “MEP”) que comenzó en marzo de 2010. Proponiendo una nueva forma de plasmar la poesía: gratuita (para el lector) y vocacional (para el/la autor/a.)   Dejando, de alguna forma, el envoltorio a un lado y, centrándose en el contenido. Buscando la “liberalización” de la poesía,…Continuar leyendo “Florencia grita “poesía””