Dos madrileñas, París y ‘los de amarillo’

París. 8 de diciembre. Los periódicos anuncian peligro. En el hostal, nos recomiendan no andar mucho por el centro, aún así, salimos. Vamos a disfrutar de la ciudad. Grandes superficies con grandes capitales, cerradas. Metro cortado. Mucha policía. Tout fermé, tout menos aquella vieja librería. Y, algún comercio pequeño. Continuar leyendo «Dos madrileñas, París y ‘los de amarillo’»

Terminé la carrera mal y tarde

Cuarto de carrera de periodismo y, todavía se me atravesaban las letras. A apenas a unos días de graduarme no sabía muy bien qué estaba haciendo allí, pero sí de qué manera: mal y tarde.  

Como aquel trabajo que dejé para última hora porque me enredé a ver vídeos de poesía. Como el día que fui a la biblioteca a por un libro de “Teoría de la información” que nunca leí porque descubrí a Foucault.  O, la mañana que llegué tarde a clase porque una señora mayor, jubilada y con ganas de hablar me paró en el autobús y me explicó su indignación sobre la política actual.

“Voy a tener el título de periodista y todavía no sé qué hago aquí” me repetía continuadamente.

Sí, me había enterado que el emisor busca un receptor para emitir el mensaje, todo a través de un canal, con un código. También,  conocía la teoría de la noticia en forma piramidal. Y me aburría, al igual, que escribir un ensayo sobre la bibliografía de Galeano, Márquez o Fallaci.  “¡Para eso está Wikipedia!”

Y, así fue como quise escribir una reflexión coherente, llena de argumentos y conexiones.

El típico ensayo ejemplar, con planteamiento, nudo y desenlace. Lleno de metáforas y, alguna que otra, alegoría. Miles de detalles. De ejemplos. Con una bibliografía que nada tuviese que envidiar a Crítica de la razón pura. El mismísimo Kant se hubiese arrodillado ante ella.

Pero, pasó el tiempo (y, pasé yo.) Y, viajé, y reí, y abracé, y leí, y me bebí la vida (y lo que no es la vida.)

Dejé, como siempre el trabajo para última hora.

Y, así fue como un embrión de periodista convirtió un ensayo constructivo, en uno destructivo.

Curiosa y maldita paradoja.

Yo disfruté de la magia de la literatura, aunque nunca supe expresarlo.

Kant lo despreció. Nietzsche cayó a mis pies. Y, mientras me iba de fiesta con Capote, Meneses me gritaba “el periodismo está en la calle.” Y, así fue. Y, así, nunca nos lo contaron.

¿Por qué estudiar periodismo? ¿Para qué?

Terminé bachillerato con una extraña sensación que me recorría todo el cuerpo; la duda. Llevaba una vida creyendo que cuando terminase el instituto podría independizarme o viajar sola por todo el mundo pero, esto no fue así, llegaron los dieciocho y todavía no era “mayor”. O, por lo menos, no sabía qué quería hacer con mi vida ni si quiera sabía quién era. Recuerdo hacer una lista con todas aquellas carreras que me gustaban, sinceramente, porque la sociedad me había inculcado que yendo a la universidad tendría un futuro mejor. Mejor futuro hasta que el grado que precedía la lista era filosofía fue ahí cuando el mundo se me cayó encima. “¿Filosofía? ¿Qué es eso? ¿Te quieres morir de hambre? Si no sirve para nada.”  Me comentaban familiares y profesores.

Mientras intentaba lidiar con el caos que estaba desembocando mi decisión, llegó a mis manos un libro; “1984”. Las páginas avanzaban tan rápido como los días y los días fluían tanto como las ideas que iban surgiendo en mi cabeza. Terminé el libro, lo dejé junto a la mesilla y me quedé mirando al techo pensando en lo pequeños que éramos en relación al universo. Al día siguiente tenía que rellenar ese folio en blanco que marcaría mi futuro. Y, quizá, fuese Orwell o mis ganas de cambiar el mundo a través de la escritura lo que me llevó a elegir “periodismo.»

Encontré en el periodismo una estrecha unión entre la filosofía y la gente de a pie que me apasionó desde el primer minuto.

Ahora, ya voy a tercero de carrera y mis compañeros no entienden el entusiasmo que tengo por ir a clase. “Estamos estudiando cosas que no nos sirven y encima se hunde la cafetería.” Me alegaba algún que otro amigo. Cierto es que la estructura de las asignaturas no es la mejor y que las infraestructuras de la Complutense no son innovadoras. Mucha gente se ha ido quedando por el camino, las expectativas no se asemejan a la realidad. La facultad de Ciencias de la Información no es ni por asomo la universidad que sale en las películas que Hollywood emite. A pesar de todo ello no hay nada mejor que estudiar algo que nos apasiona, ya sea en Oxford, Harvard o la Complutense.

Todavía no sé quién soy, aunque estoy en ello, y mi futuro sigue igual de dubitativo que hace tres años pero a un curso de acabar el grado, estoy convencida de que tomé la mejor decisión. Estoy tan segura porque sigo siendo capaz de levantarme todos los días a las seis y media de la mañana con ganas de ir a la universidad.

He aprendido mucho de muy buenos docentes, de los libros, de los seminarios, de la cafetería y, aun así, sé que me llevo algo mucho mejor que conocimiento: amigos.

“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida.” Confucio.

Mujeres corresponsales: doble peligro

Artículo en la Huella Digital, completo en este link: http://www.lahuelladigital.com/mujeres-corresponsales-doble-peligro/

«El calor inundaba Madrid y tan solo habían pasado cuatro días desde que mayo llamaba a la puerta. Las farolas de Gran Vía comenzaban a iluminarse. El Paseo del Prado, repleto de gente, desprendía su usual olor a arte. Mientras, en el auditorio del Ayuntamiento de Madrid (La Caja de Música), se formaba una inmensa cola para escuchar a cuatro mujeres corresponsales.»

Hasta siempre; Galeano.

Un día como ayer hace exactamente un año murió Eduardo Galeano. Escritor, periodista y soñador. Luchó por las causas «perdidas», dio voz a aquellos que no la tenían, escribió para aquellos que no le podían leer. Con él se fueron miles de historias que todavía quedaban por contar.

¿Qué vamos a hacer ahora sin ti?

Mi pequeño homenaje a este gran escritor e intelectual.

He escogido dos historias, la primera: «La mamá de las periodistas» (Libro: Mujeres) y, la segunda (mi preferida): «Los nadies» (El libro de los abrazos)

Os animo a leer algún libro suyo, son cortos y sencillos. Galeano ,como siempre, es una lección de humildad y sencillez.

Aprovecho, también, para avisar de que este mes sacan a la venta su último libro «Cazador de historias»