8M: Por mí y por todas mis compañeras

Madres rompiendo con los roles y estereotipos. Hijas denunciando asesinatos, trata y violaciones.

Abuelas, gritando para romper con un techo de cristal que, aún agrietado, sigue existiendo. Para curar la brecha salarial que tiene más de abismo que de brecha. Dando alas y no anillos a aquellas niñas que son obligadas a casarse. Y acabar una vez por todas con la mutilación genital femenina.   Porque ser niñas en algunos países es una deshora y, en otros un suplicio.

Ahí, estaba ella negándose a aceptar que por nacer niñas tengamos un obstáculo añadido.

 

Vi a mujeres dando la  voz por aquellas que, aun queriendo gritar,no pudieron.

Borramos los prejucios, las competiciones y las amenazas.

Nos dimos las manos. Todas, luchando por un mismo sueño. Juntas.

Y, lo que al principio parecía un yo, tú ella. Se convirtió en NOSOTRAS.

Algunos lo limitaban a ‘política’ otros, lo llamaban ‘utopía’

se equivocaban, simplemente era justicia.  

 

Se paró el mundo, lo paramos, lo cambiamos e hicimos historia.

 

Bolonia: El vendedor de instantes

Las calles se iban oscureciendo, Bolonia, empezaba a iluminarse. El rojo de los tejados cada vez era más oscuro y la música de los bares más alta. Entre tanto y entre plazas, un hombre. – “Setenta y un años”- me comentaba. Ahí estaba, vendiendo fotografías en blanco y negro, en mitad de un mercado de antigüedades en pleno invierno.

“¿Son suyas?, ¿por qué las vende?” me precipité a interrogarle en mi chapucero italiano. “No, son de mis padres, ya muertos.”

Una cantidad infinita de preguntas se sobre amontonaron en mi cabeza, y, como suele pasar en este tipo de casos, me quedé en blanco. Perpleja, observé.Y, poco después, un “¿por qué? ¿No son para usted un recuerdo?”  Salió de mi boca inconscientemente.

“Después de la muerte no hay nada. Excepto el recuerdo que queda en los corazones de nuestros seres queridos. Mi padre era un humilde y pobre fotógrafo, se pasó su vida capturando momentos. Contaba su vida en imágenes, hasta que murió mi madre, nunca más volvió a tocar una cámara. Decía que sin ella le daba igual que el tiempo pasase rápido. Yo vendo cada uno de esos instantes para dar la oportunidad a otros de revivirlo. Llevaba media vida pensando que el mundo para mi padre se reducía a la fotografía. Me equivoqué, se resumía en: amor.

Bolonia, Sandra Lázaro
Bolonia, Sandra Lázaro

El padre de aquel hombre había sido capaz de congelar el tiempo, pero, sin alguien con quien compartirlo, no tenía necesidad.

Sin duda, una historia curiosa. Me preguntaba quién y qué tipo de persona compraría unas viejas fotos en blanco y negro. Sin embargo, nadie se acercó.

Eran las cinco y las farolas se acababan de iluminar. Aquella tarde recorrí toda la ciudad.  Capturé cada rincón, fuente, ambiente y persona. Cada olor, sensación y poema.

Sin la necesidad de sacar la cámara de la mochila.

Acababa de comprender el arte de la fotografía.

Pero, sobre todo, había entendido el verdadero sentido de la vida.

Roma al revés

 

Pensé que todos los caminos llevaban a Roma. Y, siempre me llevaron a ti.

trastevere
Trastevere. Sandra Lázaro

(No me salían las cuentas. )

Apagaron las luces del Coliseo. Cerraron las puertas del Vaticano. El Panteón se derrumbaba a tus pies. Y, en Piazza Navona los ríos se des(bordaban.)

Mientras tanto, en Trastevere dos señores leían tu poesía.

Pasaste por Roma haciendo monumento entre tanta ruina. Quizá, escribimos al revés la palabra.

(Amor)

Ahora todo cuadra.

 

 

roma, panteón
Panteón. Sandra Lázaro