Un desastre llamado Italia

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Después de cuatro meses viviendo en Italia puedo decir que su sistema de organización y gestión es un desastre.

Burocracia resumida en miles de papeles que acabarán perdiéndose,

como aquel bus que nunca llegó (o, por lo menos no a su hora.)

Donde es normal esperar cinco horas para una urgencia médica o un examen. (Por no hablar de los cien documentos que se necesitan para poder entrar en una biblioteca.)

Sí, necesitas DNI, pasaporte, Codice Fiscale y una autorización de la inteligencia de investigaciones Carabinieri para hacerte una tarjeta de Videoclub.

Pero, para desastre la conducción sin ley: motos, bicis, coches, autobuses y, algún que otro, tractorcito: Coros de pitos, sirenas y gente.

Entre tanto ruido, una señora tocando ‘ma il cielo è sempre più blu.

Entonces, te paras, observas y ríes.

Mirador de Miguel Ángel, Florencia Sandra Lázaro
Piazzale Michelangelo (Florencia) Sandra Lázaro.

Ríes porque te has acostumbrado a llegar tarde a los sitios, al olor del pesto, a los precios infinitos de los quesos,a perderte por las calles sin salida, a admirar el paisaje, el arte de cada esquina. Te has acostumbrado a hacer los exámenes orales, a leer La Nazione y a no echar piña a la pizza.

Cambiaste tus legumbres por pasta. Tu ‘hola y adiós’ por ‘Ciao.’ El idioma ya te resulta familiar, aunque… sigues sin entender su manía de no beber capuccino a partir de las dos de la tarde.

Te vuelves a parar, pero, esta vez no ríes,  el papeleo, la burocracia y la gestión ya no te importan.

Encontraste el orden en pleno caos, es ahí, cuando te das cuenta que no te estabas acostumbrando sino enamorando de ese maravilloso desastre llamado Italia.

Y, amiga, amigo, siento decirte que en este punto de la partida, ya no hay salida.

Cuando Italia te atrapa… es para siempre.

     Sandra Lázaro

Mi madre grita a los cuatro vientos que soy “periodista”.
Mis profesores aseguran que me falta el TFG. Todavía no lo tengo muy claro pero, mientras me iba de fiesta con Capote, Meneses me gritaba “el periodismo está en la calle”. Así fue y, así nunca nos lo contaron.

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